Cuento de otoño: La ardilla roja.
Nos adentramos en el bosque. Los días empiezan a ser más cortos y los árboles cambian de color. Hace más frío y caen las primeras hojas, que cubren el suelo con un manto rojo y marrón. ¡Ha llegado el otoño!
La ardilla roja salta sobre las hojas secas y al pisarlas se oye su suave crujir: “crac-crac”. El pequeño animal, se mueve sin parar, de un lado al otro, inquieta. Tiene que buscar un refugio. Necesita guardar alimentos, antes de que llegue el invierno. Pero está un poco nerviosa porque es la primera vez que lo hace sola y se siente un poco perdida.
Así que decide buscar ayuda.
Primero, se encuentra con una golondrina que surca el cielo, cazando los últimos mosquitos de la temporada, y le pregunta:
- Hola, amiga golondrina, ahora que llega el otoño ¿podrías ayudarme a buscar un refugio?
- ¡Oh, lo siento mucho querida ardilla! Ya ha llegado el frío y tengo que volar hacia tierras más cálidas. Me gustaría mucho ayudarte, pero debo partir, porque si mis alas se congelan no podré volar - responde la golondrina.
- De acuerdo, que tengas un buen viaje, amiga - se despide la ardilla, decidida a seguir buscando ayuda.
La nerviosa ardilla sigue avanzando por el bosque, hasta que se encuentra con un ciervo, entre unas encinas. Es un animal alto, fuerte, con unos grandes cuernos que miran al cielo. Le pregunta:
- Hola, amigo ciervo, ahora que llega el otoño ¿podrías ayudarme a buscar un refugio?
- ¡Oh, lo siento mucho querida ardilla! Ya han caído las primeras hojas y tengo que berrear bien fuerte hasta encontrar a una compañera que quiera tener cervatillos conmigo - responde el ciervo.
- De acuerdo, que tengas suerte y encuentres una buena compañera- se despide la ardilla.
La inquieta ardilla sigue dando saltitos, en busca de ayuda. Se encuentra a un pequeño erizo, escondido entre unos matorrales, y le pregunta:
- Hola, amigo erizo, ahora que llega el otoño ¿podrías ayudarme a buscar un refugio?
- ¡Oh, lo siento mucho querida ardilla! Pero, como los días son más cortos, tengo que aprovechar todo el tiempo que pueda para encontrar alimento y guardarlo para el invierno.
- Lo entiendo, que tengas suerte y encuentres muchos insectos y frutas - se despide la ardilla, algo insegura.
La ardilla empieza perder la esperanza, se siente triste y sola y nota que cada vez hace más frío. Pero, de repente, oye un “crac-crac” detrás suyo, unos pasitos sobre las hojas secas, un sonido que le resulta familiar. Se gira y ve a otra ardilla como ella, pero un poco más grande y de color marrón.
La nueva ardilla también da vueltas de un lado para otro, atareada, sin parar. La ardilla roja respira, se arma de coraje, coge fuerzas y pregunta:
- Hola, ardilla marrón, ahora que llega el otoño ¿podrías ayudarme a buscar un refugio?
- ¡Qué casualidad! Yo también estoy buscando un refugio, ¡podemos hacerlo juntas! - responde su nueva amiga.
Las dos ardillas recorren el bosque. Ahora se sienten más animadas y seguras. Pronto encuentran un gran árbol con un profundo agujero. En él guardan avellanas, nueces y castañas. También encuentran una gran variedad de hongos, una pequeña calabaza y dos granadas bien maduras. Trabajan sin parar, suben, bajan y saltan de un lugar a otro.
Por fin, las ardillas lo tienen todo preparado para la llegada del
invierno. Tienen refugio y tienen una despensa llena de alimento. Y,
lo mejor de todo, es que no están solas. Tienen todo el invierno para escucharse
y hacerse compañía.
El mejor antídoto contra el frío. Ahora, pueden descansar.
Fin (del otoño).
Pero el ciclo (afortunadamente) continúa.




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