Un vagón de ciencia ficción
Salto al vagón justo antes de que se cierren las puertas. Son casi las diez y el metro está desierto. La luz artificial ilumina los asientos vacíos y el gusano subterráneo avanza indiferente, pero tengo una sensación extraña que presiona mis pulmones. Esta soledad inesperada me recuerda al viaje que hice sola y me ahoga. Me pregunto si estaré soñando. Y si es así ¿por qué me pellizco y siento la piel y la carne y la sangre? ¿y por qué no despierto? Pienso que quizás esté dentro de una película de ciencia ficción. Sí, será eso y seguramente en cualquier momento se abran las puertas y entre un ejército de soldados de asalto clon, blancos y relucientes, con las caras tapadas por esas máscaras impenetrables. Igual se piensan que soy un miembro de la Resistencia y a ver cómo me escapo sin la ayuda de la princesa Leia. Si estoy metida en una escena de Star Wars me gustaría saber dónde están las llaves del Halcón Milenario, por favor. Ojalá viniera un jedi a salvarme, pero...