Una cuestión de amor
Quique está nervioso. Se mira al espejo una y otra vez. Se estira la bata blanca y se peina con cuidado, colocando estratégicamente el poco pelo que todavía cubre su cabeza. Se limpia las gafas, con cuidado. Le sudan las manos y las seca continuamente, aunque es en vano. Él está acostumbrado a dar clases de Física y Química, normalmente pesadas y aburridas, estructuradas y previsibles, pero hoy va a hablar de sus experiencias personales y eso es harina de otro costal. Sin embargo, está decidido a hacerlo porque siente que con ese grupo le ayudará. Y podrá salir, por un momento, del corsé asfixiante del currículum. No sabe realmente hacia dónde va, pero está seguro de que las cosas más importantes no se pueden planificar. Los chicos y las chicas llegan, saludan y se sientan en las sillas que Quique ha preparado. Se trata de un grupo curioso de segundo. Ya los conoce del curso pasado y los tiene radiografiados: la empollona responsable, el heavy nihilista, la hippy creativa...