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Naufragios.

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Agarrarse a la vida apasionadamente como un náufrago se aferra a su tabla de salvación. Agarrarse con fuerza a las pequeñas cosas a los momentos luminosos que bombean tu corazón. Jugar como si volvieras a ser un niño. Reír sin miedo hasta caer rendido. Mirar con la curiosidad de un recién nacido. Bailar como si te hubiera herido la flecha de Cupido. Andar descalza mientras la tierra te acaricia y te siente y tú vibras y tu alma canta. Emocionarte con el movimiento de los pájaros, observar su vuelo, sus destinos, sus trayectorias y hablar con el animal que también te habita dentro. Sentarse bajo ese árbol que te regala toda la sombra y el oxígeno del mundo. Respirar. Agarrarse a esas pequeñas cosas que te hacen latir fluir vivir sentir bien. Y no soltarlas. Jamás. Bajo ningún concepto ni pretexto. Porque si de algo estás segura es de que la existencia es demasiado valiosa y (todavía) no quieres naufragar.

¿A dónde vas tan sola?

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               —Caperucita, ¿a dónde vas tan sola? —preguntó el lobo.              —No voy sola, ¡camino conmigo! —respondió sonriente. —Si quieres, te puedo acompañar —se ofreció él con amabilidad. —Voy bien, gracias, hoy no necesito compañía.  —Yo había pensado… —No empieces ahora con el jueguecito de que cada uno vaya por un camino. Hoy tengo un plan. Sé a dónde ir y cómo hacerlo. —Vale, vale, ¡cómo se pone la señorita! Pues a ver qué pinto yo ahora en medio del bosque. —No dramatices, mi lobo querido. Si quieres luego nos vemos en casa de la abuela y tomamos algo juntos, pero que no se te ocurra ponerte su pijama otra vez, que eso ya no hace gracia. —Está claro que hoy no voy a poder sorprenderte —resopló el cánido con los hombros caídos, mirando el suelo, resignado. —Es que este cuento ya está muy visto, ¿no te parece? Pero seguro que puedes hacer alguna propuesta original. Creo que tienes más...

El camino de la autopublicación...

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El camino de la publicación...   Escribir es un placer, un regalo, una especie de liberación y conexión difícil de definir. Pero publicar es otra cosa. ¡Ay!, amigos, cuando decides publicar, te adentras en un viaje largo que en ocasiones te lleva a “lugares oscuros”. Sobre todo si hablamos de autopublicación.   Con “lugares oscuros” me refiero a esos momentos en los que te sientes abrumado por tantas posibilidades, por tanta información enredada, en los que parece que te va a explotar la cabeza y no sabes qué camino seguir. En esos momentos te puedes llegar a ver solo, muy solo, y en medio de la nada.   Pero no perdamos la esperanza porque hay otras formas de hacer estos caminos de forma más agradable, de la mano de personas que te acompañan con respeto y profesionalidad por esos “lugares oscuros” que ya dejan de ser tan siniestros y se convierten en un paseito de primavera. Sí, a veces con tormentas y cambios bruscos de tiempo, es lo que tiene la primavera, p...

Desempolvando los arcones de la memoria.

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  El 14 de abril me sorprende inmersa en la lectura de Los pacientes del doctor García, de Almudena Grandes. Este día se conmemora la proclamación de la Segunda República Española de 1931 y este es un buen libro para poner un poco de luz a aquel periodo. Ya en los primeros capítulos me asombra la capacidad de esta escritora para captar mi atención con personajes consistentes, escenarios descritos al detalle y un sinfín de datos históricos.  No en vano Almudena estudió Geografía e Historia. Sus libros son como tirarte a la piscina de la memoria. El agua está muy fría y el primer impacto no es agradable, pero de alguna manera ayuda a limpiar las heridas. En ocasiones tengo la necesidad de contrastar datos y busco información sobre lugares y sobre sucesos concretos. Me pregunto si no formarán parte de la imaginación de la escritora, pero descubro que, como siempre, la realidad supera la ficción.  La trama empieza con las peripecias de un doctor, un cirujano republicano que e...

¿Cuántos infinitos caben en un libro? El infinito en un junco, de Irene Vallejo.

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Si te gustan las palabras. Si te apasiona la historia. Si eres una friki de los libros. Si intuyes que los clásicos son importantes, pero no te atreves con ellos. Si se da alguna de estas condiciones, entonces no lo dudes: ¡Lee este libro! Admito que soy más de novela, de ficción. Confieso que hace años me prometí que no volvería a leer un ensayo en mi tiempo libre. Pero es que este libro es una auténtica maravilla. Los seres humanos somos seres narrativos y siempre hemos necesitado inventar historias para entender la vida. Las palabras amasadas por nuestra función simbólica alrededor del fuego ayudaron a nuestros ancestros a convivir con los misterios de la vida. Irene Vallejo nos demuestra la importancia de la palabra, de la dicha, de la oral, de la que vuela y también de la escrita, de la que permanece a lo largo de los siglos, a pesar de los temblores del hombre y de la tierra. La palabra escrita tomó forma sobre el barro, sobre la piel, sobre la piedra, sobre el papiro y finalment...

La soledad no era eso

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Dicen las crónicas que esperaba solo, abrazado a una metralleta. Era la primera vez que usaba un arma y estaba dispuesto a aprender.    Los oficiales insurrectos lo encontraron abandonado en su despacho desolado, como un náufrago a la deriva, pero ellos eran incapaces de leer su mirada.    De sus ojos salían chispas. En ellos brillaba la fuerza de los olvidados.  Antes de disparar, sintió que una manita apretaba la suya. Era la mano de la niña descalza que años atrás le había mirado con esperanza.  Y entonces supo que no estaba solo, porque su corazón seguía lleno de sueños. Y eran los sueños de todos.  Lo mataron, pero la soledad no era eso.  Salvador Allende murió acompañado, aunque las crónicas oficiales digan lo contrario.

Espacio-frontera: entre la vida y la muerte.

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  Con el crepúsculo desaparece la luz y en algunos lugares del mundo ese es el momento ideal para hacer realidad los sueños, o las peores pesadillas. La noche es tremendamente oscura. Ni siquiera la luna se atreve a iluminar la desesperación humana, así que se esconde tras unas nubes espesas. El mar es de un color negro profundo y su orilla se llena de sombras. Un grupo de siluetas nerviosas atraviesan la bruma. Se mueven a toda prisa y, a pesar de la confusión, consiguen subir a una barca destartalada. No se oye nada, solo el vaivén de las olas del mar. Las siluetas permanecen silenciosas, como si no fueran humanas. Es simplemente el miedo, que ha cerrado a cal y canto sus gargantas. De repente, un motor ronco se pone en marcha y, contra todo pronóstico, avanzan. Cuando la embarcación se fractura en dos, pilla a todos por sorpresa. Los gritos se pierden en la noche, pero Mariama tiene las manos firmes, sujetando con fuerza: con una mano aprieta contra su pecho al pequ...