¿Cuántos infinitos caben en un libro? El infinito en un junco, de Irene Vallejo.



Si te gustan las palabras. Si te apasiona la historia. Si eres una friki de los libros. Si intuyes que los clásicos son importantes, pero no te atreves con ellos. Si se da alguna de estas condiciones, entonces no lo dudes: ¡Lee este libro!


Admito que soy más de novela, de ficción. Confieso que hace años me prometí que no volvería a leer un ensayo en mi tiempo libre. Pero es que este libro es una auténtica maravilla.


Los seres humanos somos seres narrativos y siempre hemos necesitado inventar historias para entender la vida. Las palabras amasadas por nuestra función simbólica alrededor del fuego ayudaron a nuestros ancestros a convivir con los misterios de la vida.


Irene Vallejo nos demuestra la importancia de la palabra, de la dicha, de la oral, de la que vuela y también de la escrita, de la que permanece a lo largo de los siglos, a pesar de los temblores del hombre y de la tierra.


La palabra escrita tomó forma sobre el barro, sobre la piel, sobre la piedra, sobre el papiro y finalmente sobre el papel. Diferentes cuerpos para una misma idea: comunicar, transmitir, llegar al otro lado, trascender al tiempo y al espacio.


En este libro las bibliotecas se convirtieron en lugares para cuidar del alma y de la memoria. Y algunos iluminados tuvieron la gran idea de proteger los libros, poniéndolos a salvo de guerras y ataques oscuros.


Gracias a personas valientes y comprometidas han llegado hasta nosotros los clásicos. Sus palabras atraviesan los milenios para demostrarnos que seguimos preocupados por las mismas cosas, porque las emociones y los misterios de la vida siguen siendo los mismos.


Me gusta imaginarme al primer bibliotecario que en Alejandría ideó la forma de clasificar tal cantidad de conocimientos. Actualmente, las TIC nos ofrecen un tsunami informativo descontrolado. Necesitamos salvavidas a los que agarrarnos e Irene nos demuestra que los libros siguen siendo brújulas necesarias para orientarnos en el mundo.


Irene cita a Borges para resumir el significado de este invento que aunque parece sencillo, es realmente prodigioso: “De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio y el telescopio son extensiones de su vista; es teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación”.


Hoy recuerdo cuando de niña me escondía bajo las mantas con una linterna para poder leer más. Hoy soy consciente del importante papel que cumplió la lectura durante mi infancia y en las etapas que vinieron después. Hoy sé que no es extraño emocionarse ante el aluvión de conocimientos y emociones que te ofrecen las bibliotecas. 


Irene las define como las guaridas donde proteger todo aquello que tememos olvidar: la memoria del mundo. 


Hoy sé que siempre he formado parte de la “comunidad del junco”, aunque antes no lo sabía. Y me siento profundamente orgullosa.


Sin duda, este es un buen libro para celebrar el día del libro.


#RecomiendaunLibro







Comentarios

Entradas populares de este blog

Cuento de otoño: La ardilla roja.

El mundo a mis pies (homenaje a Mario Benedetti)