Constelaciones cardinales


 

Era noche negra y el miedo nos enmudeció. Solo se escuchaba nuestra respiración, nerviosa.  Primero, subieron las embarazadas. Luego, los niños. Por último, el resto de sombras, asustadas y temblorosas.

La lancha era pequeña y vieja pero se lanzó al mar. Y, en ese momento, supimos que ya no había vuelta atrás. Muchos lloraron. Algunos cerraron los ojos y, todavía, no los han podido abrir.

Yo miré al cielo y busqué nuestra constelación: “Fuegus Celestis”. La habíamos inventado pocos meses atrás, entre bromas y risas, sentados bajo nuestro baobab.

Me dijiste que esas estrellas serían mi brújula. Nunca imaginé que serían mi salvación. Llegué a la otra orilla gracias a su calor.

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