Perdidos en el código de barras. Reflexiones sobre el laberinto pandémico del siglo XXI.

 

 

Nuestro margen de acción queda limitado,

encerrado entre las líneas del código de barras

de una tarjeta sanitaria.

No ha sido de golpe, sino paso a paso.

Ha llegado como la marea que sube y avanza,

silenciosa.

Cada día, un poco más. 

Sin anunciarlo.

 

*****

Ahora no abraces a tu abuela, que la pones en peligro.

Mejor, déjala en casa, con su soledad

y con sus miedos y con su carne, temblando,

bajo el tictac del reloj implacable y descarado.

 

*****

Ahora no veas a tus amigos,

y si os juntáis que sea en grupos reducidos

y renunciar a los besos y a los abrazos,

que no son tan importantes, no cotizan.

 

*****

Ahora no vayas a los teatros, ni a las discotecas,

y sobre todo no se te ocurra usar la pista

y bailar, así, a lo loco, para qué,

si bailar y mover el cuerpo nunca ha sido una necesidad.

Mejor quédate en casa, sentadito, mirando la televisión.

No te muevas.

 

*****

Ahora no salgas por la noche,

que la oscuridad tiene vida propia

y produce monstruos,

como el sueño de la razón,

de Goya.

 

*****

Ahora retiraremos la música de las calles,

como se retiran los muebles viejos,

no vaya a ser que las ondas del sonido

también propaguen virus.

 

*****

Ahora no vivas el fin de semana,

que disfrutar de la vida

y reflejarte en el mar

y pisar las hojas del otoño

y respirar aire fresco,

es algo muy arriesgado.

No seas loca.

 

*****

Ahora no viajes,

ni se te ocurra ver mundo,

pero encajónate en el metro para ir a trabajar.

Eso no tiene ningún peligro, y si lo tuviera,

algún Dios te lo convalida.

 

*****

Ahora no abraces a tu hija,

déjala en su habitación unos días encerrada.

Total, la salud psicológica y emocional

nos importa un carajo.

 

*****

Ahora quédate en casita,

pero no te preocupes,

tienes permiso para salir

a consumir y a producir.

Trabaja y compra y sé feliz.

El sueño capitalista, hecho realidad.

Y no necesita ninguna campaña de marketing.

El miedo ya se encarga.

Refúgiate en el miedo,

dile adiós a la alegría.

 

****

No me encaja este rompecabezas.

No hay manera de entender sus premisas.

Una persona sin libertad

me recuerda a un pájaro sin alas.

Una persona sin relación social

me parece un pez sin escamas.

Una persona sin responsabilidad

se me antoja una marioneta,

una muñeca rota. 

Si Lorca o Miguel Hernández

levantaran la cabeza,

me pregunto,

donde la volverían a esconder.

 

*****

¿Dónde ponemos el foco?

El escenario iluminado, quizás no sea el principal.

Quizás falte luz en otros lugares.

Quizás nos falten muchas cosas.

Más recursos. Más camas. Más doctores y doctoras.

Más estudios. Más ciencia. Más tiempo.

Más educación. Más responsabilidad. Más conciencia.

Más espacio. Más árboles. Más cielo.

Más sentido común.

Y más amor.

Porque en estos tiempos extraños

o nos abrazamos

o estamos perdidos.

Si es que ya no lo estamos.

Cada día, un poco más perdidos,

y un poco más limitados,

encerrados en un código de barras

que se convirtió en un laberinto

y a saber dónde estará la salida.

 

*****

Y los de siempre, los de abajo,

nos remangamos, nos esforzamos,

nuestros pies bien metidos en el barro.

Algunos tienen el lodo ya tapando

su boca y sus orejas.

Y no se sabe cuánto tiempo les queda

para seguir respirando.

Porque de hambre también se muere.

Y de injusticia.

Y de tristeza.

 

*****

Perdidos en el laberinto del siglo XXI.

No encontramos las botellas

ni para enviar nuestros mensajes al mundo.

Necesitamos brújulas,

que nos indiquen el camino.

O brujas, o magos,

pero de los de VERDAD,

de los BUENOS.

SOS.

 

 

 

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