Entradas

Constelaciones cardinales

Imagen
  Era noche negra y el miedo nos enmudeció. Solo se escuchaba nuestra respiración, nerviosa.   Primero, subieron las embarazadas. Luego, los niños. Por último, el resto de sombras, asustadas y temblorosas. La lancha era pequeña y vieja pero se lanzó al mar. Y, en ese momento, supimos que ya no había vuelta atrás. Muchos lloraron. Algunos cerraron los ojos y, todavía, no los han podido abrir. Yo miré al cielo y busqué nuestra constelación: “ Fuegus Celestis ”. La habíamos inventado pocos meses atrás, entre bromas y risas, sentados bajo nuestro baobab. Me dijiste que esas estrellas serían mi brújula. Nunca imaginé que serían mi salvación. Llegué a la otra orilla gracias a su calor.

Una cuestión de amor

Imagen
  Quique está nervioso. Se mira al espejo una y otra vez. Se estira la bata blanca y se peina con cuidado, colocando estratégicamente el poco pelo que todavía cubre su cabeza. Se limpia las gafas, con cuidado. Le sudan las manos y las seca continuamente, aunque es en vano. Él está acostumbrado a dar clases de Física y Química, normalmente pesadas y aburridas, estructuradas y previsibles, pero hoy va a hablar de sus experiencias personales y eso es harina de otro costal. Sin embargo, está decidido a hacerlo porque siente que con ese grupo le ayudará. Y podrá salir, por un momento, del corsé asfixiante del currículum. No sabe realmente hacia dónde va, pero está seguro de que las cosas más importantes no se pueden planificar. Los chicos y las chicas llegan, saludan y se sientan en las sillas que Quique ha preparado. Se trata de un grupo curioso de segundo. Ya los conoce del curso pasado y los tiene radiografiados: la empollona responsable, el heavy nihilista, la hippy creativa...

A la sombra de un limonero

Imagen
  Me pierdo entre las estanterías repletas de libros de la biblioteca. Podría estar allí durante horas. Me gusta ese silencio y el olor que desprenden las palabras impresas. Me detengo en la sección de Literatura, siempre ha sido mi preferida. Por qué será.   “En este lugar podría encontrarme con Ernesto”, me digo. Hay una estantería dedicada expresamente al teatro.   No es un género que conozca demasiado, pero me acerco y mi mirada se posa rápidamente en un libro viejo y desgastado, arrugado por el tiempo, que llama mi atención. Le quito el polvo, con cuidado. “ Luces de bohemia , de Ramón María del Valle-Inclán ”, leo por dentro. Y recuerdo que precisamente Ernesto nos hizo leer esa obra. Al principio, todos se quejaron. Algunos dijeron que a ellos no les interesaba el pasado. Éramos adolescentes, nuestro impulso era vivir el momento, el presente. Me costó un poco empezar el libro porque los escenarios me parecían grotescos, pero en seguida conecté con Max E...