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Històries a cau d'orella

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  Al principi les llegendes no estaven escrites, eren volàtils com el vent, mal·leables com els núvols, espurnejants com el foc. Eren pura matèria viva. I passaven de boca a orella, de casa a casa, de poble a poble. I, així, sense tocar terra, feien quilòmetres i quilòmetres. El problema eren les orelles. Sí, ho heu sentit bé: les orelles. Us semblarà estrany, però jo ho sé de bona tinta. La culpa de tot la tenen les orelles perquè no els importa el que diguin, que elles escolten el que volen. Hi ha orelles exagerades que ensumen el fum de la guerra a cada paraula i orelles tímides que minimitzen les més grans tragèdies. Hi ha orelles conservadores que mai sentirien res que faci olor de nou i orelles revolucionàries que capgirarien la història. Hi ha orelles rialleres que escolten música en el silenci i orelles tristes que, per si de cas, vesteixen negre. Orelles de tota mena van transformant les llegendes i posant-les de cap i peus. Les històries que ens han arribat són aut...

23 de abril... Algunas modestas recomendaciones.

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  23 de abril Llega el 23 de abril, el día del libro, el día de Sant Jordi. Las calles se llenan de flores y libros y me apetece hacer algunas recomendaciones… No porque sean la última novedad ni lo más revolucionario ni lo más comercial simplemente porque a mí me han emocionado y con ellos he disfrutado y he aprendido. Para adultos: NOSOTROS EN LA NOCHE, de KENT HARUF . Porque es un libro muy ameno, muy fácil de leer y a la vez muy profundo. No necesita ningún artilugio literario para meterte en una historia tremendamente humana que te hace pensar en tu forma de convivir con la soledad. ¿Qué harías tú si te encontraras solo en la noche?¿Te atreverías a buscar compañía? EL JILGUERO, de DONNA TARTT . Porque a lo largo de sus casi 1000 páginas acabas metiéndote tanto en la historia que acaba como formando parte de tu propia vida y no puedes quitártela de la cabeza. Describe los escenarios con tanto detalle que me parece haber estado dentro de un museo durante un atentado. Y porque ta...

Decálogo de una lectora empedernida.

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    Se acerca el 23 de abril, el Día Internacional del Libro,   que se celebra en pueblos y ciudades de todo el mundo.  Se acerca el 23 de abril, la Diada de Sant Jordi ,  la gran fiesta que llena las calles de Catalunya de leyendas, rosas y libros.  Se acerca el 23 de abril y no os lo voy a negar:  para mí es un día especial. Porque los libros son como pequeños tesoros,  como billetes de avión a mundos lejanos,  como disfraces que te convierten en personajes extraños,  como profesores cultos y experimentados,  como bálsamos tranquilizantes que te ayudan a enfrentarte a los misterios  de la noche, y de la vida, y de la muerte. Los libros son para mí como un artículo de primera necesidad,  como una especie de objeto de culto,  así que se me ha ocurrido inventar un listado un tanto peculiar:   el decálogo de una lectora empedernida. Si alguna vez tú también has sentido eso de que “leo luego existo”,  es ...

Un cocido de lunares

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  —Dime algo bonito —le pidió ella, sabiendo que esa era una demanda arriesgada. Llevaban tiempo mal y sus conflictos no parecían tener solución. Aunque no quisiera aceptarlo, era la despedida. —Sigue tu camino —respondió él con tristeza, pero consciente de que era lo más bonito que le podía regalar en ese momento. Ella se giró lentamente y se marchó. Los lunares de su espalda se alejaban. Y recordó la primera noche, esa en la que todo brilla, como por arte de magia. —Los lunares de tu espalda parecen estrellas, forman la vía láctea —susurró él con admiración. —No son estrellas, son las lentejas del cocido más rico que hayas probado jamás —rio ella, a plena carcajada. Desde aquel día ese fue su plato favorito. Lo comieron en celebraciones, en verano y en invierno, en bodas y en entierros. El cocido se come muy calentito. Cuando se queda frío, no vale nada, pierde la gracia. Eso les había pasado a ellos. Encontrarían otros menús, otros ingredientes y otros platos, más modernos, más ...

Constelaciones cardinales

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  Era noche negra y el miedo nos enmudeció. Solo se escuchaba nuestra respiración, nerviosa.   Primero, subieron las embarazadas. Luego, los niños. Por último, el resto de sombras, asustadas y temblorosas. La lancha era pequeña y vieja pero se lanzó al mar. Y, en ese momento, supimos que ya no había vuelta atrás. Muchos lloraron. Algunos cerraron los ojos y, todavía, no los han podido abrir. Yo miré al cielo y busqué nuestra constelación: “ Fuegus Celestis ”. La habíamos inventado pocos meses atrás, entre bromas y risas, sentados bajo nuestro baobab. Me dijiste que esas estrellas serían mi brújula. Nunca imaginé que serían mi salvación. Llegué a la otra orilla gracias a su calor.

Una cuestión de amor

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  Quique está nervioso. Se mira al espejo una y otra vez. Se estira la bata blanca y se peina con cuidado, colocando estratégicamente el poco pelo que todavía cubre su cabeza. Se limpia las gafas, con cuidado. Le sudan las manos y las seca continuamente, aunque es en vano. Él está acostumbrado a dar clases de Física y Química, normalmente pesadas y aburridas, estructuradas y previsibles, pero hoy va a hablar de sus experiencias personales y eso es harina de otro costal. Sin embargo, está decidido a hacerlo porque siente que con ese grupo le ayudará. Y podrá salir, por un momento, del corsé asfixiante del currículum. No sabe realmente hacia dónde va, pero está seguro de que las cosas más importantes no se pueden planificar. Los chicos y las chicas llegan, saludan y se sientan en las sillas que Quique ha preparado. Se trata de un grupo curioso de segundo. Ya los conoce del curso pasado y los tiene radiografiados: la empollona responsable, el heavy nihilista, la hippy creativa...