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Desempolvando los arcones de la memoria.

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  El 14 de abril me sorprende inmersa en la lectura de Los pacientes del doctor García, de Almudena Grandes. Este día se conmemora la proclamación de la Segunda República Española de 1931 y este es un buen libro para poner un poco de luz a aquel periodo. Ya en los primeros capítulos me asombra la capacidad de esta escritora para captar mi atención con personajes consistentes, escenarios descritos al detalle y un sinfín de datos históricos.  No en vano Almudena estudió Geografía e Historia. Sus libros son como tirarte a la piscina de la memoria. El agua está muy fría y el primer impacto no es agradable, pero de alguna manera ayuda a limpiar las heridas. En ocasiones tengo la necesidad de contrastar datos y busco información sobre lugares y sobre sucesos concretos. Me pregunto si no formarán parte de la imaginación de la escritora, pero descubro que, como siempre, la realidad supera la ficción.  La trama empieza con las peripecias de un doctor, un cirujano republicano que e...

¿Cuántos infinitos caben en un libro? El infinito en un junco, de Irene Vallejo.

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Si te gustan las palabras. Si te apasiona la historia. Si eres una friki de los libros. Si intuyes que los clásicos son importantes, pero no te atreves con ellos. Si se da alguna de estas condiciones, entonces no lo dudes: ¡Lee este libro! Admito que soy más de novela, de ficción. Confieso que hace años me prometí que no volvería a leer un ensayo en mi tiempo libre. Pero es que este libro es una auténtica maravilla. Los seres humanos somos seres narrativos y siempre hemos necesitado inventar historias para entender la vida. Las palabras amasadas por nuestra función simbólica alrededor del fuego ayudaron a nuestros ancestros a convivir con los misterios de la vida. Irene Vallejo nos demuestra la importancia de la palabra, de la dicha, de la oral, de la que vuela y también de la escrita, de la que permanece a lo largo de los siglos, a pesar de los temblores del hombre y de la tierra. La palabra escrita tomó forma sobre el barro, sobre la piel, sobre la piedra, sobre el papiro y finalment...

La soledad no era eso

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Dicen las crónicas que esperaba solo, abrazado a una metralleta. Era la primera vez que usaba un arma y estaba dispuesto a aprender.    Los oficiales insurrectos lo encontraron abandonado en su despacho desolado, como un náufrago a la deriva, pero ellos eran incapaces de leer su mirada.    De sus ojos salían chispas. En ellos brillaba la fuerza de los olvidados.  Antes de disparar, sintió que una manita apretaba la suya. Era la mano de la niña descalza que años atrás le había mirado con esperanza.  Y entonces supo que no estaba solo, porque su corazón seguía lleno de sueños. Y eran los sueños de todos.  Lo mataron, pero la soledad no era eso.  Salvador Allende murió acompañado, aunque las crónicas oficiales digan lo contrario.

Espacio-frontera: entre la vida y la muerte.

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  Con el crepúsculo desaparece la luz y en algunos lugares del mundo ese es el momento ideal para hacer realidad los sueños, o las peores pesadillas. La noche es tremendamente oscura. Ni siquiera la luna se atreve a iluminar la desesperación humana, así que se esconde tras unas nubes espesas. El mar es de un color negro profundo y su orilla se llena de sombras. Un grupo de siluetas nerviosas atraviesan la bruma. Se mueven a toda prisa y, a pesar de la confusión, consiguen subir a una barca destartalada. No se oye nada, solo el vaivén de las olas del mar. Las siluetas permanecen silenciosas, como si no fueran humanas. Es simplemente el miedo, que ha cerrado a cal y canto sus gargantas. De repente, un motor ronco se pone en marcha y, contra todo pronóstico, avanzan. Cuando la embarcación se fractura en dos, pilla a todos por sorpresa. Los gritos se pierden en la noche, pero Mariama tiene las manos firmes, sujetando con fuerza: con una mano aprieta contra su pecho al pequ...

La hora del café

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  Se esconde tras los visillos, casi transparentes, ajados por el tiempo. Mira a los niños que juegan en la plaza, absortos en su mundo de fantasía. Sus manos, arrugadas y temblorosas, abren la ventana. Se intuyen pasos, conversaciones y risas. Las campanas de la iglesia recuerdan que es la hora. Camina hacia la cocina. La casa está llena de muebles, de libros y de polvo, pero vacía de alma. El viejo reloj de pared llena el silencio con su cantinela metálica, infinita e imparable. Se apresura a preparar el café, las mejores tazas, la leche y el azúcar. Lo dispone todo, amorosamente, sobre la mesa y se deja caer en el sillón. Mira hacia su butaca, vacía. Hace meses que salió de casa, en una camilla. Dicen que es ese maldito virus y que tardará en volver, pero ella no falla, ni un solo día, a su cita del café.  

El jardi més bonic del món

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  Explica la llegenda que fa molts anys, quan Barcelona encara vivia dins les muralles i el barri del Congrés no existia, una parella de camperols va tenir un somni: crearien el jardí més bonic del món. Eren moments difícils, de guerres i malalties. Pensaven que el seu jardí ajudaria a fer del món un lloc millor. Van explicar-li la seva idea al vent que va difondre-la arreu. Moltes plantes volien formar part d'aquest projecte. I van arribar llavors de tots els colors, de totes les mides i de totes les procedències.   Els camperols van seleccionar la millor terra. Cada llavor tenia un forat humit i nutritiu especialment preparat per a ella. Els núvols van deixar caure aigua nova i aigua fresca. El sol va escalfar les tiges que anaven treien cap entre les pedres. El temps va regalar cabassos de paciència. I van aparèixer les fulles, les flors i les fruites. I de les fruites, van sortir noves llavors.   Tothom parlava del jardí: dels seus colors, de com oloraven le...

Un vagón de ciencia ficción

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  Salto al vagón justo antes de que se cierren las puertas. Son casi las diez y el metro está desierto. La luz artificial ilumina los asientos vacíos y el gusano subterráneo avanza indiferente, pero tengo una sensación extraña que presiona mis pulmones. Esta soledad inesperada me recuerda al viaje que hice sola y me ahoga.   Me pregunto si estaré soñando. Y si es así ¿por qué me pellizco y siento la piel y la carne y la sangre? ¿y por qué no despierto? Pienso que quizás esté dentro de una película de ciencia ficción. Sí, será eso y seguramente en cualquier momento se abran las puertas y entre un ejército de soldados de asalto clon, blancos y relucientes, con las caras tapadas por esas máscaras impenetrables. Igual se piensan que soy un miembro de la Resistencia y a ver cómo me escapo sin la ayuda de la princesa Leia. Si estoy metida en una escena de Star Wars me gustaría saber dónde están las llaves del Halcón Milenario, por favor.   Ojalá viniera un jedi a salvarme, pero...