Final del reto. Pero las maravillas, continúan.


No es posible resumir en siete textos y en siete fotografías las pequeñas maravillas que esconde un pueblo.

No he hablado de las luciérnagas, ni de los caballitos del diablo.

No he podido transmitir el olor a trigo y a tierra mojada.

No he plasmado el rojo de la tierra ni el lila del espliego.

No he explicado que los abuelos que viven aquí necesitarían otra vida para contar todas sus historias.

No he descrito el vuelo del cernícalo ni del águila.

No he contado que en estos lugares puedes encontrar amigos de esos que duran para siempre.

No he hablado de los conciertos, ni de las fiestas. Ni del olor a morcilla, ni de la sonrisa de mi abuelo cuando llegaba con el cesto lleno de setas. Ni del amor.

No he podido transmitir todos mis recuerdos, ni tampoco el silencio.

Me han quedado muchas maravillas en el tintero. Y también alguna sombra. Que también las hay.

Este reto creativo llega a su fin, pero, como siempre, quedan cosas pendientes. Así que seguiré observando, con los ojos bien abiertos, atenta, para seguir cazando, al vuelo, y por un instante, las pequeñas maravillas que tiene la vida, sea donde sea.

Así, queda la puerta, entreabierta.

 

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