Maravilla número 3. Girasoles.
Los girasoles tiñen los campos de color y de alegría. Caminar entre ellos es como estar dentro de un cuadro impresionista. El verde y el amarillo, intensos y vitales, abren tus pupilas.
Los girasoles amanecen, cada día, enfocados hacia la estrella reina: el sol. Si los observas con atención verás que se mueven a su compás y a su ritmo, como si de una danza se tratara. Todos siguen la misma coreografía, como si la hubiesen estudiado durante años, detalladamente. Todos al mismo tiempo y en la misma dirección, como un disciplinado ejército de flores.
Pero no todos los girasoles marchan al unísono. Entre ellos, siempre se esconde un giraluna, que durante el día duerme y solo despierta de noche, cuando se hace visible el astro nocturno. El giraluna danza con él y vive como él, creciente, creciente, creciente, hasta que llega la noche llena. Yo siempre busco al giraluna. Pero es difícil encontrarlo, porque se esconde, porque no es fácil pensar diferente, vivir diferente. Me pregunto cómo conseguirá esa fuerza y ese coraje, para vivir a su manera, tan distinto a los demás.
Alguien me dijo una vez que solo es posible encontrar al giraluna entre el resto de girasoles, identificarlo, distinguirlo, reconocerlo, si antes lo has visto DENTRO de ti.

Comentarios
Publicar un comentario