Maravilla número 1. Golondrinas.
¿Quién dijo que las golondrinas son oscuras? ¿Quién dijo que las golondrinas son tristes y traen malos presagios? Las golondrinas llegan a mi calle inaugurando el verano, el buen tiempo, las cosechas, las vacaciones y las fiestas.
Las golondrinas llegan con la vida entre sus plumas y construyen un nido de barro y paja pegado a las tejas rojas. Por su agujero podrás ver las cabecitas de sus hijos, reclamando comida, reclamando atención. Durante todo el verano seguirán surcando el azul del cielo, cazando en las alturas escurridizos insectos, planeando sobre las aguas, en vuelo rasante, hasta alcanzar una gota que les de aliento. Sin dejar de volar. Siempre en movimiento.
Las golondrinas dibujan entre las nubes su vuelo precioso. A veces, cuando hace viento, parece que se dejan mecer por él y se mantienen suspendidas en el aire, casi sin mover sus alas. Podrías mirarlas durante horas. Es un vuelo que hipnotiza.
Un día de finales de agosto o principios de septiembre, sólo ellas lo saben, se reunirán en el mismo lugar. Al amanecer, muy prontito, se posarán en los cables de la luz de la calle Sol. En ese lugar están calentitas. Se llamarán unas a otras durante unos minutos y el cable se llenará de puntitos blancos y negros. Nerviosas. Quizás emocionadas. Cuando estén todas, emprenderán el vuelo, juntas, y regresarán al sur. En ese momento, se acabará el verano.
Mientras tanto, sigamos disfrutando de su vuelo.

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