¿Dónde está la gente?



En la fase inicial del confinamiento, cuando salía de casa a comprar comida, me encontraba con calles desiertas. Algunos animales se cruzaban en mi camino, dejándome claro que, para ellos, la vida continuaba. De esos encuentros surgió esta historia, una pequeña fábula, que se fue fraguando en mí hasta crear un mundo lleno de magia y esperanza. Crear ese mundo me ha ayudado a sentirme mejor. Me ha ayudado a creer que todavía es posible cambiar las cosas.

Capítulo 1:

Un encuentro extraño

  

—¿Dónde están las niñas? —maullaba el gato negro, mientras caminaba sigiloso por el patio del colegio desierto.

—¿Dónde están los niños? —piaba la delicada golondrina, surcando el cielo sobre el parque solitario.

—¿Dónde están las risas? —pensaba la tortuga del estanque, mientras miraba la plaza llena de bancos vacíos.

—¿Dónde está la gente? —se preguntaban los animales.

Esa misma noche, el gato, la golondrina y la tortuga se encontraron en la plaza mayor. Era un encuentro insólito en una situación extraordinaria. La luz de la luna iluminaba un pueblo totalmente desierto.

Los pequeños animales no comprendían. Aquel siempre había sido un lugar muy animado, pero en las últimas semanas todo había cambiado. Las calles se habían quedado vacías. También las playas, los campos y las montañas. Los humanos se habían encerrado, de repente. Y eso no era normal. Los animales estaban preocupados y desconcertados. Tenían preguntas, pero no tenían respuestas.

 El gato, siempre observador y sigiloso, no sabía nada. Se dedicaba a pasear por la escuela, olfateando los recuerdos de los niños y las niñas que antes llenaban de juegos su patio, pero no encontró ninguna explicación.

La golondrina, que había viajado y conocía mundo, no entendía nada. Sobrevolaba el parque, el barrio y todo el pueblo, buscando algún indicio de movimiento, alguna pista, pero la gente no había dejado ni sus sombras. Seguía sin entender nada.

La tortuga, que se tomaba su tiempo para vivir con conciencia, tampoco tenía respuestas. Salió del estanque y recorrió la plaza, lentamente. Todas las tiendas tenían las persianas bajadas, todas las casas tenían las ventanas cerradas. Ni con todos los recuerdos que acumulaba su caparazón conseguía resolver aquel misterio.


CONTINUARÁ...

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